Las cuevas del Pino
datan de principios de siglo. Los bisabuelos
de sus propietarios, con sus propias manos,
tallaron las grutas que ahora dan forma a este
laberinto de emociones que forman estos hogares.
Una vista atrás al pasado y a la emoción
de disfrutar de unas auténticas obras
de la naturaleza, talladas a mano.